El Cártel de Los Herrera, la razón por la que EUA dejó de confiar en Gertz Manero

Desde 1969 el gobierno de Estados Unidos, por instrucción del secretario de Estado Henry Kissinger, había implementado dos operativos en México, Operación Fiasco y Operación Intercepción, para la desarticular las labores de Cártel de los Herrera, pero ambas fueron burladas

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Gertz

Por. J. Jesús Lemus

Alejandro Gertz Manero estuvo al frente de la Operación Cóndor por espacio de un año solamente.  ¿Qué fue lo que hizo para que el gobierno de Estados Unidos dejara de confiar en él para tan importante empresa? Al respeto no existe ninguna explicación sustentada en documentos oficiales, al menos no disponibles de forma pública. 

Pero, según una fuente de la CIA, el gobierno estadounidense dejó de confiar en Alejandro Gertz Manero porque este no pudo responder de forma eficiente al reclamo de desarticulación de un cártel, el de Los Herrera, que desde 1970 operaba en el estado de Durango y que se había convertido en una preocupación de seguridad nacional debido a la cantidad industrial de heroína que estaba trasegando de México a Arizona, Nuevo México y Nueva York.

Desde 1969 el gobierno de Estados Unidos, por instrucción del secretario de Estado Henry Kissinger, había implementado dos operativos en México, Operación Fiasco y Operación Intercepción, para la desarticular las labores de Cártel de los Herrera, pero ambas fueron burladas. 

Por eso se le encomendó a Gertz Manero que, como parte de la Operación Cóndor, se llevaran a cabo las acciones militares necesarias para detener a los miembros de esa organización criminal.

El Cártel de los Herrera estaba integrado por un grupo de familias del mismo clan; tenían conexiones desde Durango y Chihuahua hasta Chicago y Nueva York, y entre las cabezas visibles de esa organización se encontraban Asunción Herrera Chávez, Reyes Herrera­Herrera, Jaime Herrera Nevares, Enrique Díaz García, Arnoldo Herrera­Herrera, Manuel Herrera­Herrera, Manuel Villareal Valdez y Carlos Herrera Araluce, quienes conformaban una estructura criminal similar a la de la mafia italiana, que controlaban desde jefes policiacos hasta gobiernos municipales, según lo catalogó la CIA. Además, a este cártel se le atribuían acciones importantes de lavado de dinero. De ahí la urgencia de su desarticulación.

Sin embargo, ante esa petición de la CIA el jefe antidrogas de México, Alejandro Gertz Manero, no pudo hacer nada, aun cuando encomendó acción al general José Hernández Toledo. 

Y es que el general Hernández Toledo recargó todo el peso de la desarticulación del Cártel de los Herrera en Humberto Rodríguez Bañuelos, quien se hizo omiso ante la instrucción por una sola razón:

Rodríguez Bañuelos tenía una relación con una sobrina de Asunción Herrera, una mujer llamada María Luisa Herrera, de la que “La Rana” estaba perdidamente enamorado. Por eso la Rana siempre evitó acciones de contraespionaje contra el Cártel de los Herrera, según su propia versión.

Y por esa razón, al no haber resultados palpables de Gertz Manero sobre la desarticulación de ese cártel de Durango, la CIA le perdió la confianza, al menos dejó de verlo como un hombre eficiente y pidió su destitución.  Por eso Gertz permaneció nada más un año, el de 1975, al frente de la Operación Cóndor.

Tras su destitución, por petición de la CIA, como coordinador nacional de las acciones de la Operación Cóndor, ya en las postrimerías de la administración del presidente Luis Echeverría, a Alejandro Gertz Manero se le rescató de la vergüenza nacional y se puso a salvo su reputación:

Se le asignó el cargo de procurador  federal de la Defensa del Trabajo, dependiente de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), entonces a cargo de su amigo Carlos Gálvez Betancourt, regresando así a sus orígenes dentro del servicio público.

Gertz se desempeñaría como procurador de la Defensa del Trabajo hasta 1983, siempre bajo la protección de Pedro Ojeda Paullada quien, tras ser titular de la PGR, encontró también cobijo en la administración de José López Portillo como titular de la misma STyPS, para después ceder la estafeta a Javier García Paniagua y este a Sergio García Ramírez, con los que Gertz Manero igualmente cimentó excelentes relaciones.

Al margen de la gestión de Alejandro Gertz Manero como encargado de la Operación Cóndor, poco se conoce sobre los alcances de esa intervención del gobierno de Estados Unidos en México para el combate a las drogas. De manera muy extraña, dentro de la Fiscalía General de la República —la que obligadamente tuvo que haber llevado el registro de los logros que en materia de combate al narcotráfico se tuvieron con la Operación Cóndor— se ha reportado de manera oficial que en los archivos de esa dependencia no existe ningún tipo de información al respecto.

Sin embargo, en la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) sí se reconoce la existencia de documentos oficiales que hablan de los logros obtenidos en la aplicación de la referida operación conjunta de combate al narcotráfico realizada entre México y Estados Unidos.

En una respuesta oficial de información, la Sedena establece que entre 1977 y 1987, sin tomar en cuenta el año en que Gertz Manero estuvo al frente, la Operación Cóndor arrojó como saldo la consignación ante la autoridad ministerial, por posibles delitos de narco­ tráfico, de por lo menos 2 mil 19 personas; se destruyeron 224 mil 252 plantíos de mariguana y amapola, 27 civiles perdieron la vida y por lo menos unos 19 elementos del Ejército mexicano cayeron en combates registrados frente a grupos delictivos dedicados al trasiego de drogas.

 Ante estos datos, lo único que queda es suponer que Alejandro Gertz Manero, ya como fiscal general de la República, o se niega a dar a conocer los resultados exactos de su gestión antidrogas en el pasado o simplemente ha desaparecido cualquier evidencia documental que hable de ello, como si tratara de ocultar algo. Como si eso nunca hubiera existido en su vida.

Como quiera que sea, queda para la historia que Alejandro Gertz Manero fue el verdadero padre de la guerra contra el narco, la cual cobraría dimensiones catastróficas durante la administración del presidente Felipe Calderón. Y tampoco se puede pasar por alto que el hoy fiscal fue, si no el primero, sí de los primeros funcionarios federales que se valieron de la colaboración de narcotraficantes para presentar resultados en la lucha contra el tráfico ilícito de drogas.

Allí está el testimonio de Humberto Rodríguez Bañuelos, la Rana, quien en alguna ocasión, de las veces que platicamos de la Operación Cóndor, reconoció que gracias al servicio que prestó, aun siendo narcotraficante, dentro del combate al narco, Alejandro Gertz y el general José Hernández Toledo lo recomendaron  para ser ascendido a coordinador  general de la Policía Ministerial de Sinaloa, desde donde posteriormente pudo servir de manera más eficiente al Cártel de Sinaloa y desde donde también se relacionó estrechamente con el Cártel de los Hermanos Arellano Félix.  Pero esa es otra historia.

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